miércoles, 28 de agosto de 2013

miércoles, 1 de mayo de 2013

Se fué Alberto de Francisco





Me acabo de enterar la muerte de Alberto de Francisco. Brillante, valiente, generoso, inabarcable... Me faltan palabras.

Hoy somos un poco más pobres.



lunes, 18 de marzo de 2013

These folks are up to no good - Lego







 





Necesitamos más ladrillos. Como siempre, gracias por venir. Si te gustó el post puedes apuntarte a través del correo electrónico o por medio del feed RSS (más información acerca del RSS).

Casa Lego Termo-Eólico-Fotovoltaica














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sábado, 16 de marzo de 2013

¿Hay vida después de Reader? (Keep Calm and RSS on)

Google ha decidido cargarse otro producto más, esta vez nada menos que Google Reader, el lector de feeds RSS de referencia (¿qué cojones es eso del RSS?). El mejor resumen lo ha hecho el Dr. Chulilla:
Sin un lector RSS, no puedo seguir los temas que me interesan, al ritmo y riqueza que me interesa y en el tiempo que tengo disponible. Y esto es cierto para muchísimos blogueros, influyentes o no, y diría que para la mayoría de los que estamos interesados en el progreso de las tecnologías personales.
Pero lectores RSS hay muchos, por ejemplo TheOldReaderNewsBlur, Netvibes y Bloglines. Ahora mismo el que se perfila como ganador de todo este asunto es Feedly, que en dos días lleva medio millón de nuevos usuarios. Al final seguiremos leyendo nuestros feeds aquí o allá.


Entonces, a qué viene el lío, ¿Qué tiene, o mejor dicho, qué tenía de especial Google Reader? Sigamos leyendo al Doctor (la negrita es mía)
[Antes] Reader permitía compartir y comentar post interesantes con otros usuarios, y eso dio lugar al tipo de comunidad más interesante en el que he participado, los sharebros: comunidades que se creaban compartiendo y comentando posts desde google reader o el igualmente difunto buzz.
En efecto, a través del Reader seguía no sólo lo que compartían Dubitador, Juan Luis, Juan Ignacio, Alberto, Jose, Stuart, Darío... si no, sobre todo, sus opiniones sobre los temas más diversos. Muchas veces se armaban polémicas, pero siempre eran respetuosas y confieso que he aprendido mucho de todos ellos, a los que considero mis amigos aunque a la mayoría no les conozca en persona. Esa comunidad, esa aldea virtual, que en mi caso llegó a abarcar a unos cientos de personas, fue la que se cepillaron cuando quitaron el botón de compartir y nos metieron a capones en Google+. Ese fue el principio del fin de la mejor comunidad de curación de contenidos.

El caso es que me adaptaré al nuevo agregador de feeds (a continuación os muestro mis primeros tanteos con algunos de ellos)...


pero me gustaría que donde sea que recalemos, no nos fragmentemos aún más.









Aquí dejo unos cuantos enlacesPuedes apuntarte a través del correo electrónico o por medio del feed RSS (más información acerca del RSS).

martes, 15 de enero de 2013

In memorian: Aaron Swartz (1986 - 2013)


Guerilla Open Access Manifesto

Information is power. But like all power, there are those who want to keep it for themselves. The world’s entire scientific and cultural heritage, published over centuries in books and journals, is increasingly being digitized and locked up by a handful of private corporations. Want to read the papers featuring the most famous results of the sciences? You’ll need to send enormous amounts to publishers like Reed Elsevier.

There are those struggling to change this. The Open Access Movement has fought valiantly to ensure that scientists do not sign their copyrights away but instead ensure their work is published on the Internet, under terms that allow anyone to access it. But even under the best scenarios, their work will only apply to things published in the future. Everything up until now will have been lost.

That is too high a price to pay. Forcing academics to pay money to read the work of their colleagues? Scanning entire libraries but only allowing the folks at Google to read them? Providing scientific articles to those at elite universities in the First World, but not to children in the Global South? It’s outrageous and unacceptable.

“I agree,” many say, “but what can we do? The companies hold the copyrights, they make enormous amounts of money by charging for access, and it’s perfectly legal — there’s nothing we can do to stop them.” But there is something we can, something that’s already being done: we can fight back.

Those with access to these resources — students, librarians, scientists — you have been given a privilege. You get to feed at this banquet of knowledge while the rest of the world is locked out. But you need not — indeed, morally, you cannot — keep this privilege for yourselves. You have a duty to share it with the world. And you have: trading passwords with colleagues, filling download requests for friends.

Meanwhile, those who have been locked out are not standing idly by. You have been sneaking through holes and climbing over fences, liberating the information locked up by the publishers and sharing them with your friends.

But all of this action goes on in the dark, hidden underground. It’s called stealing or piracy, as if sharing a wealth of knowledge were the moral equivalent of plundering a ship and murdering its crew. But sharing isn’t immoral — it’s a moral imperative. Only those blinded by greed would refuse to let a friend make a copy.

Large corporations, of course, are blinded by greed. The laws under which they operate require it — their shareholders would revolt at anything less. And the politicians they have bought off back them, passing laws giving them the exclusive power to decide who can make copies.

There is no justice in following unjust laws. It’s time to come into the light and, in the grand tradition of civil disobedience, declare our opposition to this private theft of public culture.

We need to take information, wherever it is stored, make our copies and share them with the world. We need to take stuff that's out of copyright and add it to the archive. We need to buy secret databases and put them on the Web. We need to download scientific journals and upload them to file sharing networks. We need to fight for Guerilla Open Access.

With enough of us, around the world, we’ll not just send a strong message opposing the privatization of knowledge — we’ll make it a thing of the past. Will you join us?

Aaron Swartz 1986 - 2013


La información es poder. Pero como con todo poder, hay quienes lo quieren mantener para sí mismos. La herencia científica y cultural del mundo completa, publicada durante siglos en libros y journals, está siendo digitalizada y apresada en forma creciente por un manojo de corporaciones privadas. ¿Querés leer los papers que presentan los más famosos resultados de las ciencias? Vas a tener que mandarle un montón de plata a editoriales como Reed Elsevier.

Están aquellos que luchan por cambiar esto. El Movimiento por el Acceso Abierto ha luchado valientemente para asegurarse que los científicos no cedan su derecho de copia, sino que se aseguren que su trabajo sea publicado en Internet, bajo términos que permitan el acceso a cualquiera. Pero incluso en los mejores escenarios, su trabajo sólo será aplicado a las cosas que se publiquen en el futuro. Todo lo que existe hasta este momento se ha perdido.

Ese es un precio muy alto por el que pagar. ¿Forzar a los académicos a pagar dinero para poder leer el trabajo de sus colegas? ¿Escanear bibliotecas enteras para sólo permitir leerlas a la gente de Google? ¿Proveer artículos científicos a aquellos en las universidades de élite del Primer Mundo, pero no a los niños del Sur Global? Es indignante e inaceptable.

"Estoy de acuerdo," dicen muchos, "¿pero qué podemos hacer? Las compañías detentan los derechos de copia, hacen enormes cantidades de dinero cobrando por el acceso y es perfectamente legal –no hay nada que podamos hacer para detenerlos." Pero sí hay algo que podemos hacer, algo que ya está siendo hecho: podemos contraatacar.

A ustedes, con acceso a estos recursos –estudiantes, bibliotecarios, científicos– se les ha otorgado un privilegio. Ustedes pueden alimentarse en este banquete del conocimiento mientras el resto del mundo queda fuera. Pero no es necesario –de hecho, moralmente, no es posible– que se queden este privilegio para ustedes. Tienen el deber de compartirlo con el mundo. Y lo han hecho: intercambiando contraseñas con colegas, haciendo solicitudes de descarga para amigos.

Mientras tanto, aquellos de ustedes que se han quedado fuera no están cruzados de brazos. Han estado atravesando agujeros sigilosamente y trepando vallas, liberando la información encerrada por las editoriales y compartiéndola con sus amigos.

Pero todas estas acciones suceden en la oscuridad, escondidas en la clandestinidad. Se les llama robo o piratería, como si compartir la riqueza del conocimiento fuera el equivalente moral de saquear un barco y asesinar a su tripulación. Pero compartir no es inmoral –es un imperativo moral. Sólo aquellos que están cegados por la codicia se negarían a hacerle una copia a un amigo.

Las grandes corporaciones, por supuesto, están cegadas por la codicia. Las leyes bajo las que operan lo requieren –sus accionistas se sublevarían por mucho menos. Y los políticos que se han comprado los apoyan, aprobando leyes que les dan el poder exclusivo de decidir quién puede hacer copias.

No hay justicia alguna en obedecer leyes injustas. Es tiempo de salir a la luz y en la gran tradición de la desobediencia civil, declarar nuestra oposición a este robo privado de la cultura pública.

Necesitamos tomar la información, donde sea que esté guardada, hacer nuestras copias y compartirlas con el mundo. Necesitamos tomar las cosas que están libres del derecho de copia y agregarlas a este archivo. Necesitamos comprar bases de datos secretas y ponerlas en la Web. Necesitamos descargar journals científicos y subirlos a redes de compartición de archivos. Necesitamos pelear una Guerrilla por el Acceso Abierto.

Si somos los suficientes, alrededor del mundo, no sólo enviaremos un fuerte mensaje en oposición a la privatización del conocimiento –la haremos una cosa del pasado. ¿Vas a unírtenos?













Las cinco grandes contribuciones de Aaron SwartzNoticia en El Mundo. Como siempre, gracias por venir. Si te gustó el post puedes apuntarte a través del correo electrónico o por medio del feed RSS (más información acerca del RSS). También puedes seguirme a través de mis elementos compartidos de Google Reader y desde Twitter.

viernes, 11 de enero de 2013

Tanqueray homenajea al camarero

En poco más de un minuto Tanqueray presenta su homenaje al camarero









Y conste que no bebo. Ni gota. Me quedo con el análisis que hace Altucher sobre este vídeo. Como siempre, una vez más, gracias por venir. Si te gustó el post puedes apuntarte a través del correo electrónico o por medio del feed RSS (más información acerca del RSS).